Un año nuevo con propósito

Tras la conveniente recapitulación de 2025 de la que trataba el artículo anterior, nos embarcamos en un nuevo año en el que tenemos la oportunidad de redefinir la ruta de navegación.

Puede que hagas una lista de propósitos de año nuevo o incluso realices ejercicios más sofisticados, como los vision boards; o puede que simplemente te limites a una escueta lista mental de los objetivos que perseguirás en 2026. Independientemente de ello, podemos ver cómo los objetivos mayoritarios de nuestra sociedad suelen ser del siguiente tipo: quiero perder peso y apuntarme al gimnasio; quiero ahorrar para comprarme una casa; quiero conseguir un ascenso en el trabajo o buscar un mejor empleo.

Si nos damos cuenta, la gran mayoría de los objetivos que se persiguen giran en torno al yo. Y, si bien es cierto que muchos de ellos no son malos por definición, quizá no nacen de un enfoque adecuado. En la carta de Pablo a los Filipenses podemos encontrar algunos propósitos que el apóstol deseaba para sus hermanos en Cristo, es decir, también para todos nosotros.

En primer lugar, antes de realizar ninguna lista, Pablo cambia radicalmente el enfoque, centrándose en dos puntos: que es el Señor quien tiene el poder de realizar los cambios oportunos en nuestra vida (y no nosotros), y que estos no se darán de la noche a la mañana, sino que suponen un proceso que no termina hasta el fin de nuestros días (Fil. 1:6).

A partir de ahí, Pablo desea que el amor que profesamos abunde en conocimiento, pureza y justicia (1:9–11); que perseveremos en la oración los unos por los otros (1:19); que aceptemos la dolorosa verdad de que seguir a Cristo implica sufrimiento (1:29–30); que seamos humildes, enterrando el culto al yo y amando al prójimo siguiendo el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo (2:3–11); que abunde en nosotros la perseverancia en la fe, quitándonos las cadenas que nos atan al pasado, las cuales fueron totalmente destruidas en la cruz (3:12–14); y que consigamos dominar nuestros impulsos, remando en dirección contraria al cortoplacismo que reina hoy en día en nuestra sociedad. Finalmente, Pablo nos exhorta a confiar en el Señor, poniendo nuestra confianza en Él y no en nuestro propio entendimiento (4:1).

Queridos hermanos, el listado que podemos extraer de esta epístola paulina no busca anularnos ni desechar por completo cualquier aspiración que tuviéramos para este año, sino que nuestro listado de propósitos se alinee con el propósito que el Señor tiene para nosotros, permitiéndole continuar la obra que un día comenzó en nosotros y que no acabará hasta el Reino de los Cielos.

¡Feliz 2026!

David R.

Domingo 4 de enero 2026