Pasé junto al campo del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento; y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, ortigas habían ya cubierto su faz, y su cerca de piedra estaba ya destruida. (Proverbios 24:30-34)
“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, nos dice un conocido refrán; lo mismo nos viene a decir este dicho: “Lo hecho, hecho está”. Si estas buenas intenciones se hubiesen llevado a cabo en nuestros montes, posiblemente se hubiese evitado la situación tan terrible que estamos teniendo. Igualmente, se habría evitado el sufrimiento de las personas que han sido víctimas de los devastadores incendios. Los agentes forestales y bomberos han repetido muchas veces: “Los fuegos se apagan en invierno”, y que tristemente estos días han recordado, sabiendo que ya no hay remedio. Lo que se pudo hacer no se hizo. El fuego ha devastado miles de hectáreas, consumiendo todo cuanto había a su paso. Muchas personas han sufrido sus consecuencias, perdiendo casas, campos y cosechas, y todo por negligencia. A mí no me cabe en la cabeza que, viendo lo visto, aún haya gente que niegue las consecuencias que acarrea el cambio climático. Nos guste o no, es algo que ha llegado para quedarse y en nosotros está el prevenir desastres como el que estamos viviendo. Si se hubiese actuado a tiempo, desbrozando los caminos, bosques y campos, bien sea con pastoreo o bien con personal cualificado y dando a cada cosa su cuidado específico, posiblemente no se hubiera desatado esta catástrofe.
En esta triste situación, me vino a la mente el texto de Proverbios que encabeza este artículo, entre otros muchos, cuando escuchaba y veía en los medios de comunicación estas desalentadoras noticias. La dejadez puede acarrear malas consecuencias, derivando en grandes catástrofes. El versículo 32 del texto nos dice que, cuando este hombre pasó junto a la viña, se admiró de la situación en que estaba. La pereza y descuido del dueño de la finca demostraba el total abandono de ella. Y este hombre sabio recapacitó para sí y sacó las conclusiones de esta situación. “Miré, y lo puse en mi corazón; lo vi, y tomé consejo”; él no hubiese descuidado ese campo. Encontramos en la Palabra del Señor textos relacionados con la dejadez y la pereza, llegando a la conclusión de que solo trae ruina y pobreza. En Eclesiastés 10:18: “Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa”. Esto no solo nos enseña que hay que cuidar y valorar las posesiones, sean casas, tierras o cualquier otro bien. Igualmente, nos insta a cuidar nuestra relación personal con el Señor, siendo diligentes y no sentir pereza en escudriñar su palabra y orar con constancia, como nos recuerda Romanos 12:11-12. Efesios nos insta a que seamos diligentes para andar como sabios, para aprovechar bien el tiempo. Ef. 5:15-16. La vida del creyente no sobrevive solo de lo que hemos acumulado a lo largo de nuestra existencia. Hay que cuidar esa relación día a día para escuchar lo que el Señor nos tiene que decir en cada momento.
No solo debemos estar atentos a nuestro cuidado personal, sino también a nuestra relación y cuidado de nuestros hermanos. Una iglesia diligente y con fundamento en la palabra del Señor, donde los hermanos se cuidan y alientan unos a otros, será una iglesia fuerte, con buenos frutos, y podrá apagar cualquier fuego que la amenace. 2.ª de Pedro 1:3-11 nos dice las virtudes y beneficios que encontramos en una iglesia diligente y esto tiene una consecuencia: “no nos dejará estar ociosos y sin frutos en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”. He visto grandes iglesias llenas hasta no caber nadie más en sus cultos y con múltiples actividades, pero con el paso del tiempo venir a nada. Quizá descuidaron el cuidado unos de otros, o se acomodaron porque ya estaba todo hecho y vivieron de las rentas y no vieron venir el fuego que les consumía. Es algo que causa mucha tristeza, al igual que esos bosques, pueblos y campos asolados.
Que el Señor nos dé sabiduría y nos ayude a saber ser diligentes en todo para que nuestra iglesia crezca fuerte y llena de frutos, siendo un gran referente para otros.
Josefina M.
Domingo 16 de agosto 2026
