Pacificadores

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Mateo 5:9

En estos tiempos, en los que constantemente nos encontramos con noticias de diferentes guerras, cabe reflexionar sobre la paz y lo que ha de significar, no solo en la teoría, sino también en la práctica de nuestro diario vivir.

La paz es resultado directo de la justicia. Por la fe que un día depositamos en Jesús, hemos sido justificados por Dios. Es decir, fuimos declarados justos, pues Él pagó por nuestros delitos. Y esa justificación nos permite tener paz para con Dios.

Ahora bien, consideremos que, en realidad, nuestro estatus ha cambiado, porque estar en paz con Dios nos capacita para abrazar el desafío de ser sus agentes de paz en el mundo. Sé que suena muy grandilocuente, pero es que es la verdad. Porque si bien Jesús nos dio de su paz para que navegáramos firmes y confiados en medio de las turbaciones y superáramos los miedos, esa paz también es lo que nos permite ser pacificadores y seguir el buen consejo del apóstol Pedro, citando los Salmos en su primera carta:

«El que quiere amar la vida y ver días buenos… apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala.» (1 Pedro 3:10-11).

¡Él es un Dios de paz! Y nosotros, sus hijos, debemos ser agentes de paz. Pacificadores.

Y en nuestros días hay una urgente necesidad de esta clase de personas. Sobran agitadores que siembran incomprensión, polarización, amargura y enemistad en todos los ámbitos; no solo en las guerras armadas que atribulan a diversas naciones, sino también en ámbitos más cercanos, como el de la propia convivencia con personas que piensan diferente y hacen de ello un motivo para iniciar guerras personales o no tan personales (política, deporte, religión, etc.).

Es muy evidente que abundan la discordia, los malos entendidos, las ganas de pelea, la agitación, la violencia, el odio y la venganza. Y los creyentes no somos inmunes a ello. Muchas veces, sin darnos cuenta, nos dejamos arrastrar por ese modo de pensar y actuar; y quien esté libre, que tire la primera piedra.

Es tiempo de que se manifiesten los pacificadores, aquellos a quienes Cristo llama bienaventurados: tú y yo. Aquellos que serán llamados hijos de Dios.

Así como necesitamos la luz cuando nos envuelven las tinieblas, el alimento cuando prevalece el hambre y el calor cuando hace frío, hoy, más que nunca, se requieren con urgencia emisarios de paz. Hombres y mujeres pacificadores que detengan con el bien el mal.

Si estás cerca de un conflicto, sé un pacificador. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. (Romanos 12:21).

Juan Antonio R.

Domingo 31 de mayo 2026