No estamos solos

“He aquí, la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo”. Juan 16:32.

“Sálvese quien pueda” es lo que pensaron los discípulos de Jesús en el momento más crítico. Todos estaban convencidos de apoyar al Maestro en cualquier momento, pero cuando la presión aumentó y vieron su vida en peligro, los compromisos se esfumaron; algo que nadie puede juzgar en realidad, porque muestra la débil naturaleza humana.

Siempre hemos escuchado que los verdaderos amigos se ven en los momentos difíciles. Cuando el Señor no enfrentó dificultades, los discípulos estuvieron a su lado y fueron sus fieles seguidores. Pero cuando comenzaron los verdaderos problemas, cuando debían velar una hora con Jesús en Getsemaní, enfrentar a la turba o dar su opinión ante el sanedrín, Jesús estaba solo, humanamente hablando.

Él tenía claro que su hora había llegado y que nadie podía ayudarlo a redimir al ser humano; nadie podía tomar la cruz y morir por los pecados de la humanidad; nadie podía hacer lo que era inevitable hacer para salvarnos y sufrir las consecuencias de dolor y soledad que acarrearía.

Sin embargo, esta situación de soledad de Jesús también tenía la intención de manifestar necesariamente al Hijo de Dios hecho hombre (Rom 5:18-19). Él entiende lo que nosotros sentimos porque experimentó dolor, sufrimiento, angustia y soledad. Cuando decimos “me quedé solo”, el Señor sabe lo que significa.

Jesús dice algo que debemos tener muy en cuenta: “No estoy solo, porque el Padre está conmigo”. ¡Qué tremenda verdad, no solo para Él sino también para nosotros! Jesús nos mostró el camino al Padre, nos relacionó con Él para que pudiéramos experimentar esa cercanía.

Durante nuestra última visita para ver a mi suegra en Huelva, mientras estaba en el hospital recuperándose de una grave afección, alguien le dijo que, cuando le dieran el alta, no se quedara en casa sola porque “la soledad es muy mala”. Mi suegra, con toda naturalidad, sencillez y convicción, le respondió: “Pero yo nunca me siento sola; el Señor está conmigo”. ¡Qué gran verdad dijo, fruto de su experiencia vital!

Muchas veces vamos a atravesar momentos difíciles: algunos de apatía, otros de insatisfacción o frustración, y otros momentos que parecen conducirnos a la misma muerte. Jesús nos entiende; Él lo pasó. A veces no hay nadie que nos aliente en nuestras luchas, dudas y conflictos internos; nadie que esté a nuestro lado, o quizá sí, pero percibimos que nadie nos entiende. Es en esas circunstancias cuando cobran un gran significado las palabras de Jesús: “¡No estoy solo, porque el Padre está conmigo!”.

Nunca estamos solos, sintamos o no la presencia del Padre; Él ha prometido estar a nuestro lado siempre. Creámonos las palabras de Jesús: “… He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Mateo 28:20b.

Juan Antonio R.

Domingo 08 de febrero 2026