Una vida que Dios puede usar

En esta predicación titulada «Una vida que Dios puede usar», el predicador Dulce Borrero se centra en la historia de Priscila, una mujer de la iglesia primitiva, para mostrar cómo Dios utiliza a personas ordinarias que le aman y están dispuestas a servirle. Tomando como base el relato de Hechos 18:24-26, el mensaje explora los principios que permiten que una vida sea un instrumento útil en las manos de Dios, destacando la importancia de la disponibilidad, el discipulado y la hospitalidad.

  • Dios usa a personas comunes y corrientes. Priscila era una mujer casada, trabajadora, emigrante y sin fama especial, pero su amor por Dios la hizo útil. Este punto enfatiza que Dios no busca personas extraordinarias, sino corazones disponibles y dispuestos a servirle en su normalidad (Hechos 18:1-3).
  • Dios usa a personas dispuestas a servir. Priscila y su esposo Aquila discipularon a Apolos, un maestro elocuente pero con necesidad de mayor conocimiento. Lo tomaron aparte para instruirlo con amor y precisión, demostrando que el servicio a Dios a menudo implica invertir en otros para su crecimiento espiritual (Hechos 18:26).
  • Dios usa hogares abiertos para hablar de Jesús. El hogar de Priscila y Aquila era un lugar de reunión para la iglesia (Romanos 16:5), donde se oraba, estudiaba la Palabra y se compartía el evangelio. Esto se presenta como un modelo para el servicio actual, invitando a los creyentes a abrir sus casas para la comunión y la expansión del Reino.
  • La aplicación práctica incluye evaluar qué impide ser usado por Dios, involucrarse en el discipulado (ya sea como mentor o como discípulo) y servir en los ministerios de la iglesia, incluso a través de tareas pequeñas. Se destaca que el servicio no requiere un don especial, sino una decisión de obediencia.

En conclusión, el mensaje subraya que Priscila no fue una mujer extraordinaria, sino una creyente común que tomó la decisión de amar, obedecer y seguir a Jesús, y eso permitió que Dios la usara poderosamente. El énfasis principal recae en que el mismo Dios que usó a Priscila quiere usar hoy a cualquier persona que esté dispuesta a decir: «Señor, heme aquí, úsame». La aplicación final es una invitación a tomar la decisión de recibir a Cristo, entregarle la vida y permitirle transformarla para ser un instrumento útil en sus manos, ya sea en el discipulado, la hospitalidad o cualquier área de servicio donde Él nos llame.