Una iglesia que da mucho fruto

En esta predicación titulada «Una iglesia que da mucho fruto», el predicador Estarlin Almarante presenta la visión para la iglesia en el nuevo año, centrada en el concepto bíblico de la multiplicación y el dar fruto espiritual. Tomando como base el pasaje de Juan 15:1-8, donde Jesús se presenta como la vid verdadera y el Padre como el labrador, el mensaje explora la naturaleza, el proceso y el propósito del fruto que todo creyente y la iglesia en conjunto deben producir, conectándolo con la misión de hacer discípulos.

  • La fuente del fruto es Cristo: Jesús es la vid verdadera (Juan 15:1), la única fuente de vida espiritual y crecimiento auténtico. El Padre es el labrador que cuida y trabaja activamente en el proceso. Los creyentes son los pámpanos, llamados a una relación de dependencia total de Él, pues separados de Cristo nada pueden hacer.
  • El proceso para dar fruto implica la acción del Padre: El labrador quita las ramas muertas (aquellos que están cerca de Jesús pero no realmente en Él) y poda las ramas que dan fruto (Juan 15:2). Esta poda, aunque dolorosa, se realiza a través de pruebas, correcciones y cambios, y es necesaria para un crecimiento mayor y una multiplicación saludable.
  • La condición para dar fruto es permanecer en Cristo: La clave no es el activismo eclesiástico, sino una conexión vital y diaria con Jesús (Juan 15:4-7). Esto se logra buscándolo diariamente en oración y en su Palabra, y obedeciendo sus mandamientos. Es una dependencia consciente, como la de una rama conectada a la vid, sin la cual es imposible producir fruto genuino.
  • El propósito del fruto es glorificar a Dios: El fruto no existe para satisfacción personal, sino para que el Padre sea glorificado (Juan 15:8). Una vida transformada que refleja el carácter de Cristo hace visible a Dios y atrae a otros a Él. Este es el sello distintivo de un verdadero discípulo: llevar mucho fruto que apunte hacia el Padre.
  • El fruto conduce al cumplimiento de la misión: El fruto espiritual (parecerse más a Cristo) tiene como consecuencia natural la multiplicación. Cuando otros ven a Jesús en la vida de los creyentes, son atraídos al evangelio. Así, la iglesia cumple su misión de hacer discípulos (Mateo 28:18-20), no solo creciendo numéricamente, sino extendiendo el reino de Dios.

En conclusión, el predicador enfatiza que el sueño de ser una iglesia que da mucho fruto en el nuevo año se fundamenta en una conexión íntima y permanente con Cristo, aceptando la poda del Padre y viviendo con el único propósito de glorificarlo. La aplicación final es un llamado personal a cada creyente a examinar su vida, arrepentirse de la esterilidad espiritual y comprometerse a buscar diariamente a Jesús, permitiendo que su carácter sea moldeado para que, al reflejarlo, otros puedan conocerle y Dios sea magnificado en todo.