La predicación “Quiero enamorarme más de ti”, impartida por el predicador Giles Davies, se centra en el mandamiento más importante de las Escrituras: amar a Dios con todo el corazón, alma y mente. Tomando como base el mensaje a la iglesia de Éfeso en Apocalipsis 2:1-7, el predicador aborda una realidad espiritual profunda: la posibilidad de mantener una vida de servicio, esfuerzo y doctrina, pero haber dejado el “primer amor”. El enfoque bíblico no se limita a un sentimiento o emoción, sino que llama al arrepentimiento y a la práctica de las primeras obras, tal como se describe en Hechos 2, para restaurar una relación viva, íntima y fructífera con Dios.
- El amor a Dios no es una emoción pasajera, sino la decisión de ponerlo a Él primero; es un mandamiento fundamental del que dependen toda la ley y los profetas (Mateo 22:37-40).
- La iglesia de Éfeso es un ejemplo de obras, paciencia y doctrina, pero recibió la reprensión de haber dejado su primer amor; esto advierte que el activismo y la rutina pueden enfriar la relación con Dios (Apocalipsis 2:1-7).
- Buscar “la chispa” o el escalofrío del primer amor es un error; Jesús no llama a un sentimiento, sino a recordar de dónde se ha caído, arrepentirse y hacer las primeras obras.
- Las primeras obras, tal como se ven en Hechos 2, incluyen: perseverar en la Palabra (doctrina de los apóstoles), la comunión y el partimiento del pan, la oración, la guía del Espíritu Santo, el servicio a otros, la adoración y el evangelismo.
- La relación con Dios se cultiva escuchándole a través de la Biblia y respondiendo en oración; es necesario disfrutar de ese tiempo, no verlo como una carga o rutina, y aplicar en la vida lo poco que se lee.
- La comunión con otros creyentes y compartir la mesa son parte esencial de la vida cristiana; la conexión con Dios también se manifiesta al servir a los demás, usando los dones para edificación de la iglesia.
- El Espíritu Santo no debe ser ignorado; es Dios mismo que guía, llena y habla, y es imposible tener una relación sana sin andar en el Espíritu.
- El evangelismo no es una carga que se impone, sino una consecuencia natural de estar enamorado de Dios; cuando la relación con Él es genuina, hablar de Jesús fluye como un fuego interior (Jeremías 20:9).
- El llamado final es al arrepentimiento: reconocer delante de Dios en qué áreas se le ha dejado atrás y pedir con humildad “Señor, quiero más de tu amor”.
En conclusión, el mensaje no busca generar culpa, sino despertar un anhelo sincero por Dios. La verdadera restauración del amor comienza cuando reconocemos la distancia que hemos creado y respondemos al llamado de Jesús: “Recuerda de dónde has caído, arrepiéntete y haz las primeras obras”. La aplicación final es práctica: esta semana, aparta un tiempo para disfrutar de Dios, escucharle en su Palabra, hablar con Él en oración, y reavivar los hábitos de comunión y servicio. No se trata de buscar una emoción pasada, sino de volver a caminar en obediencia, sabiendo que, al hacerlo, Dios derramará un amor más profundo y real en el corazón de quien le busca.
