Peleemos la buena batalla de la fe

Esta predicación, titulada «Peleemos la buena batalla de la fe», toma como texto central 2 Timoteo 4:6-7, donde el apóstol Pablo declara haber peleado la buena batalla, acabado la carrera y guardado la fe. A partir de este pasaje, y en el marco de la conmemoración del Día de la Reforma, el predicador presenta el ejemplo de Martín Lutero y de todos los que han precedido en la fe, llamando a los creyentes a una actitud firme, dispuesta y perseverante en la defensa de la Palabra de Dios, frente a la comodidad y la pasividad del tiempo presente.

  • El texto base es 2 Timoteo 4:6-7, donde Pablo expresa que ha peleado la buena batalla, ha acabado la carrera y ha guardado la fe, con la esperanza de la corona de justicia que el Señor dará a todos los que aman su venida.
  • La predicación se enmarca en una doble celebración: el domingo, día en que los cristianos celebran la resurrección de Jesucristo, y la conmemoración del inicio de la Reforma, cuyo punto de referencia es el 31 de octubre de 1517, cuando Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg.
  • Se aclara que a Lutero no se le venera ni se le invoca, sino que se conmemora lo que Dios obró en aquel tiempo; Lutero fue una persona apartada por Dios para llevar a cabo una obra, como cualquier otro creyente.
  • La Reforma surgió del anhelo de Lutero por encontrar seguridad de salvación en las Escrituras; al estudiar los Salmos, Romanos y Gálatas, volvió a las fuentes, a la Palabra de Dios, dejando a un lado la tradición, los concilios y las encíclicas papales.
  • El himno «Castillo Fuerte», inspirado en el Salmo 46, expresa confianza en Dios como amparo y fortaleza, aun en medio de una situación prebélica en la que se masticaba la tragedia de una posible guerra.
  • En la dieta de Worms, Lutero defendió su conciencia cautiva de la Palabra de Dios, afirmando que no podía ni quería retractarse, porque ir contra la conciencia no es seguro ni honesto, aun sabiendo los peligros que le acechaban.
  • Lutero no estuvo solo: el apóstol Pablo también sabía a lo que se exponía, como lo muestra 2 Corintios 11:23-27, donde enumera azotes, naufragios, cárceles y persecuciones, y declaró estar dispuesto a ser sacrificado por predicar la Palabra de Dios.
  • La actitud subyacente a esa firmeza no es la pasividad del «sillón ball», sino la de estar firmes, una postura que simboliza respeto y subordinación, control y dominio propio, disponibilidad y preparación, e igualdad y cohesión.
  • La Escritura respalda cada una de estas actitudes: Santiago 4:7 llama a someternos a Dios y resistir al diablo; 1 Pedro 5:6 llama a humillarnos bajo la poderosa mano de Dios; 2 Timoteo 1:7 recuerda que Dios no ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio; 1 Pedro 1:13 llama a ceñir los lomos del entendimiento, ser sobrios y esperar; y 1 Corintios 12:12-13 enseña la unidad del cuerpo en Cristo.
  • 2 Timoteo 2:1-11 presenta tres figuras complementarias: el soldado, que sufre por Cristo Jesús; el agricultor, que espera con paciencia haciendo su trabajo; y el atleta, que compite con limpieza y honestidad.
  • La predicación contrasta los valores del tiempo presente —centrados en uno mismo, en el éxito y en la inmediatez— con el éxito que se mide no en euros ni en propiedades, sino en haber peleado la buena batalla, corrido la carrera y guardado la fe hasta el final, para recibir la corona incorruptible del Señor.
  • La aplicación práctica es adoptar la actitud del soldado, la del atleta que compite limpiamente y la del labrador que espera confiado en la bendición de Dios, para luchar contra la comodidad y la falta de motivación para encomendarse a causas que trascienden al individuo.

La conclusión del mensaje es un llamado a pelear la buena batalla de la fe con la misma firmeza, determinación y confianza que mostraron Pablo, Lutero y los mártires de todos los tiempos, manteniendo la conciencia cautiva de la Palabra de Dios. El énfasis principal está en que la fe se vive de pie, con respeto y subordinación a Dios, dominio propio, disponibilidad y cohesión con el cuerpo de Cristo, esperando la corona de justicia que el Señor dará a todos los que aman su venida. Como aplicación final, se propone que cada creyente examine su actitud diaria, abandonando la comodidad y la pasividad, y se disponga a servir con diligencia y perseverancia, como el soldado, el atleta y el labrador, confiando en que Dios bendecirá el esfuerzo sostenido en su Palabra.