En esta predicación, titulada “Los hijos: regalo, responsabilidad y esperanza”, el predicador Estarlin Almarante toma como base el pasaje de 1 Samuel 1:27-28, donde Ana presenta a su hijo Samuel al Señor. A partir de ese texto, el mensaje se centra en tres verdades fundamentales aplicadas a la vida de Tomás, el hijo de Julio y Daniela, y extendidas a toda la familia y la iglesia: los hijos son un regalo de Dios, una responsabilidad que debe ser devuelta a Él, y una esperanza de que vivan para el Señor todos los días de su vida.
- Los hijos son un regalo de Dios: Así como Ana reconoció que Samuel era una respuesta a su oración (1 Samuel 1:27), todo hijo es un don divino, no fruto del esfuerzo humano. El predicador destacó que Dios es quien da la vida, y que tanto Tomás como cada persona son un regalo de Dios a sus padres y a la comunidad.
- Los hijos son una responsabilidad: Ana dedicó a Samuel al Señor (1 Samuel 1:28), reconociendo que él no le pertenecía, sino que era un encargo divino. Los padres tienen la responsabilidad no solo de cuidar físicamente a sus hijos, sino de criarlos en la disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4), enseñándoles la Palabra y siendo ejemplos de fe, aunque nadie es perfecto en esta tarea.
- Los hijos son una esperanza: Ana expresó su deseo de que Samuel fuera del Señor todos los días de su vida. El predicador subrayó que la esperanza de los padres es que sus hijos amen a Dios con todo su corazón, pero la fe no se hereda; debe ser una decisión personal de cada hijo al encontrar a Jesucristo. Esta esperanza se transmite enseñando a los hijos a tener una relación personal con Él.
- Compromiso de los padres y la iglesia: Durante el acto de presentación, los padres se comprometieron públicamente a enseñar el evangelio, ser ejemplos de fe y amor, y criar a Tomás conforme a la voluntad de Dios (Deuteronomio 6:5-7). La iglesia, a su vez, se comprometió a orar, apoyar y acompañar a la familia en esta tarea, recordando que la crianza no es una labor solitaria sino compartida por la comunidad de fe.
En conclusión, la predicación enfatiza que los hijos son un regalo de Dios que debe ser recibido con gratitud, una responsabilidad que los padres, con la ayuda de la iglesia, deben asumir criándolos en los caminos del Señor, y una esperanza de que vivan para Él cada día. Se invita a cada persona a reconocerse a sí misma como un regalo de Dios, a orar por las parejas que anhelan tener hijos y por quienes están solteros, y a vivir como familia espiritual, apoyándose mutuamente en la fe. La aplicación final es confiar en que Dios obra milagros y que, como iglesia, debemos demostrar con hechos nuestro compromiso de acompañar a las familias en cada etapa de la vida.
