En esta predicación, titulada “Gloria al Rey”, el predicador Roberto Cunin explora el significado de dar gloria a Dios como el Rey soberano de toda la tierra. A través de un enfoque bíblico, se analiza cómo las coronas y los títulos humanos simbolizan poder y honor, pero se enfatiza que solo Dios, como Creador y Sustentador, merece la gloria eterna. El mensaje invita a los oyentes a examinar si realmente están reconociendo a Dios como el Rey de sus vidas.
- El significado de “gloria al rey”: glorificar proviene de reconocer, ensalzar y alabar a alguien glorioso, mientras que rey se refiere a un monarca soberano. La corona circular simboliza la divinidad, sin principio ni fin, y representa el poder y el honor que pertenecen solo a Dios (Salmo 47:6-7; Salmo 24:1; 1 Timoteo 6:15-16).
- Para glorificar a Dios, primero debemos conocerlo: Él se ha revelado a través de su creación (Salmo 19:1), a través de su Palabra (la Biblia), y de manera suprema a través de Jesucristo, quien es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15; Juan 14:6).
- En segundo lugar, debemos reconocer a Dios como el Rey de nuestras vidas: el ser humano ha tendido a quitarle la corona a Dios para ponérsela a sí mismo, queriendo gobernar su propia vida. Sin embargo, todo y todos pertenecemos a Dios (Romanos 11:36; Juan 3:19). Reconocerlo como Rey implica entregarle el control total, no solo partes de nuestra vida.
- En tercer lugar, para glorificar a Dios debemos obedecerlo y vivir como Él demanda: 1 Corintios 10:31 nos llama a hacer todo para la gloria de Dios. Aunque es una tarea difícil y diaria, la motivación no debe ser el temor al castigo, sino el amor por todo lo que Dios ha hecho, especialmente al enviar a Jesús, quien dejó su corona celestial y murió en una cruz por nosotros.
- Aplicación práctica: si alguien no ha entregado su vida a Dios, hoy es el día para hacerlo, pidiendo perdón y reconociéndolo como Rey. Para quienes ya lo conocen, es momento de entregarle cada área de la vida que aún se retiene, confiando en que Él es lo mejor para nosotros y transformará nuestro lamento en baile.
En conclusión, el predicador anima a los oyentes a dar gloria a Dios en todo momento, conociéndolo, reconociéndolo como Rey y obedeciéndole por amor. Destaca que Jesús pagó el precio que nosotros debíamos pagar, movido por un amor inigualable. Este amor debe ser el impulso para luchar cada día, vestirse con la armadura de Dios y ser reflejo de su luz. La invitación final es a buscar ayuda mutua en la comunidad de fe para vivir esta entrega total, recordando que suya es la gloria y que, por todo lo que ha hecho, debemos proclamar: “Gloria al Rey”.
