Alzad vuestros ojos y ved los campos

En esta predicación basada en Juan 4:35-38, el predicador Estarlin Almarante aborda la necesidad de cambiar nuestra perspectiva espiritual para ver el potencial de cosecha que Dios ya está preparando en España y en nuestro entorno. Inspirado por el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, el mensaje anima a los creyentes a alzar la mirada más allá de las dificultades aparentes y a unirse a la obra que Dios ya está realizando en los corazones de las personas.

  • Jesús ve una cosecha que ya está lista para ser recogida (Juan 4:35). El predicador explica que, aunque los discípulos veían un campo que necesitaba tiempo, Jesús veía los corazones de los samaritanos preparados por el encuentro con la samaritana. Debemos «alzar nuestros ojos» para ver cómo Dios obra en las personas a través de sus crisis y necesidades, muchas veces más cerca de lo que imaginamos.
  • Evangelizar es un privilegio con recompensa eterna (Juan 4:36). La predicación destaca que participar en la obra de Dios, viendo a alguien entregar su vida a Cristo, es la mayor bendición. No se trata de mérito propio, sino del gozo de colaborar en el plan divino de rescatar almas.
  • La obra de Dios involucra a diferentes obreros (Juan 4:37). El predicador subraya que unos siembran y otros cosechan, y que ambos son necesarios. No importa si no vemos el fruto final de nuestro trabajo; nuestras oraciones, enseñanzas y acompañamiento son parte de la cadena que Dios usa para transformar vidas, incluso si la persona termina en otra iglesia.
  • Dios es el que obra detrás de todo (Juan 4:38). El mérito no es humano, sino divino. El predicador recuerda que, por mucho que trabajemos, es Dios quien toca los corazones y da el crecimiento. Por ello, debemos mantener la humildad y dar toda la gloria a Él, confiando en que Él está moviéndose en España y en cada circunstancia.

El mensaje concluye con un llamado a cambiar nuestra manera de ver la realidad. En lugar de enfocarnos en la dureza o el secularismo, debemos ver la oportunidad que Dios nos da para ser parte de un posible despertar espiritual. La aplicación final es clara: alzar la mirada, creer que Dios ya está obrando y disponernos a ser usados, ya sea sembrando o cosechando, para la gloria de Dios y la extensión de su reino.