Más allá del hombre, volver a Dios

Mamá, ¿por qué existimos? Porque Dios lo ha querido así. ¿Pero estamos aquí por casualidad y venimos de los monos? hija, nosotros creemos que Dios nos ha creado, no sabemos todos los detalles, pero Dios creó el cielo y la tierra, al igual que los animales, las plantas y los humanos; eso es lo que los cristianos creemos.

Mamá, ¿por qué dices “creemos”? hija, nosotros tenemos fe en la palabra de Dios y en lo que Dios nos ha transmitido a través de la Biblia, pero mamá, es que eso es así, aunque tú no lo creyeras…

Mi cara fue un poema; de esta frase fácilmente se podría desprender todo un teorema de filosofía: la existencia de Dios y su creación como una realidad material independiente de lo que el ser humano percibe, piensa o siente.

Este simple comentario me llevó a la reflexión de dos aspectos. En primer lugar, ¡ella tenía razón! Dios existe y nos ha creado independientemente y no necesita nuestra validación a través de nuestra fe para que esto sea una realidad con entidad propia. Como diría Santo Tomás, Dios es la causa primera de todo lo que existe por sí solo.

Y, en segundo lugar, qué fácil es que el ser humano se coloque en el centro como medida de todas las cosas: lo que yo siento, lo que yo creo, lo que yo hago… La realidad, la verdad, el conocimiento, en gran medida, giran en torno a la experiencia humana y solo con nosotros el mundo parece que tiene más sentido.

Pero debemos salir de esta visión antropocéntrica, sin duda, y reconocer que somos seres limitados: no tenemos el conocimiento de todo lo que ha ocurrido en la historia ni de lo que ha de venir; somos vulnerables a la enfermedad, envejecemos, dependemos de acciones básicas para sobrevivir como comer, dormir y respirar; no podemos volar ni controlamos fenómenos como terremotos o huracanes. Somos influenciables, nuestras emociones pueden afectar las decisiones que tomamos y cometemos errores sin parar…

Hoy, más que nunca, necesitamos poner a Dios en primer lugar, por encima de todas las cosas, como origen y fundamento de todas las cosas (Génesis 1:1). Nosotros no somos autosuficientes, necesitamos a Dios para dar sentido a nuestra existencia (Hechos 17:28). Nuestra capacidad de discernir entre el bien y el mal nos viene dada del Dios creador, quien ha definido qué es lo que está bien conforme a su voluntad y qué es lo que está mal.

Quizá no entendamos todo lo que nos pasa, en qué condiciones se originó la vida humana, por qué la velocidad de la luz es 299.792.458 metros por segundo y es algo preciso, perfecto y constante, manteniendo todo el funcionamiento del universo; pero Dios sí, porque Él es su fundamento, porque Él es el centro.

Señor, ayúdanos a ponerte en el centro de nuestras vidas, danos sabiduría para reflejar tu amor y mostrar ante el mundo que Jesús es el camino, la verdad y la vida. Ayúdanos a confiar en ti, en tu palabra; permite que podamos identificar la grandeza de tu obra en tu creación de diseño perfecto.

Permite que nos hagamos pequeños para que tú seas grande en cada una de nuestras vidas y que sirva de testimonio para aquellos que han de creer en ti. En el nombre de Jesús. Amén.

Débora P.

Domingo 19 de abril 2026