El próximo 23 de febrero tendrán lugar en el campus de Getafe de la Universidad Carlos III las Jornadas. Jornadas es un evento anual organizado por Grupos Bíblicos Universitarios (GBU) en diferentes universidades, que tiene como propósito llevar el evangelio al campus durante una semana a través de ponencias, debates y conversaciones con los estudiantes.
El principal evento de GBU son los grupos de estudio bíblico semanales, en los que se crea un espacio en cada universidad pública de Madrid para que los estudiantes conozcan la Palabra y se acerquen al evangelio. Es una oportunidad para invitar a compañeros de clase que sientan curiosidad por la Biblia y para que conozcan a otras personas cristianas. Son espacios abiertos en los que hay diálogo, debate y conversación, y no solo se trata de enseñar, sino de conectar con los estudiantes. Por eso se organizan actividades para fortalecer las relaciones entre los miembros del grupo. No se busca solo que los jóvenes lleguen a Jesús, sino que sean testigos y formen parte de un grupo de amigos con los que poder hablar de temas y pensamientos más profundos.
Así, Jornadas es en realidad la culminación de todo un año de trabajo con las personas que acuden a los núcleos de estudio: una semana en la que poder invitarles a observar cómo decenas de estudiantes de todo Madrid se unen con un solo propósito: compartir el evangelio.
Este año, además, por ciertos conflictos que ha habido con la universidad, Dios nos está dando una oportunidad enorme de ser ejemplo en el campus. Toda esta responsabilidad puede parecer abrumadora; por eso quería, además de pedir oración por los estudiantes durante la semana de Jornadas, hacer memoria de cómo llegó GBU a ser lo que es. Porque cuando recordamos que la obra en la universidad, o en cualquier lugar, ha ido precedida por personas que sirvieron con todo su corazón al Señor, eso nos insufla ánimos para hacer lo mismo. Nos llena de valor saber que vamos subidos sobre hombros de gigantes.
Para conocer lo que es GBU debemos conocer lo que es IFES (International Fellowship of Evangelical Students), un movimiento que se fundó en 1947, cuando los líderes de diez movimientos estudiantiles cristianos se reunieron en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Su sueño era que se estableciera un testimonio de Jesús en todas las universidades del mundo. Fue gracias a IFES que GBU pudo evolucionar hasta lo que es hoy.
Rodolfo A. González fue el primer estudiante evangélico con el que, desde la perspectiva de IFES y GBU, contamos en España. En un tiempo en que ser estudiante universitario era una oportunidad a la que muy pocos tenían acceso y en el que el ambiente de la posguerra civil estaba dominado por el catolicismo, Rodolfo fue el primer estudiante evangélico que tuvo el sueño de formar un grupo de cristianos en las universidades españolas.
No fue hasta 1959 cuando acudió a una conferencia de líderes estudiantiles en París, donde se dio cuenta de la verdadera necesidad de su sueño. El testimonio de otros estudiantes le inspiró y fortaleció su motivación de llegar a un terreno no alcanzado por el evangelio. Allí es donde establece contacto con Stacey Woods y otros líderes como Alejandro Clifford, Samuel Escobar o René Padilla, que le llenaron de sana envidia al ver lo que en otros países se estaba haciendo.
“Intenté contactar con los estudiantes evangélicos de Madrid, que no llegaban a media docena, y nos reunimos tres o cuatro veces tratando de establecer lazos fraternales en el testimonio universitario, sin mucho éxito. S. Woods, secretario general de IFES, nos visitó en esa época, y pudimos convocar una reunión con los estudiantes madrileños, de la que marchó tan desilusionado que concluyó que no era posible pensar en establecer testimonio evangélico en la universidad española”.
Poco tiempo después llegaron a España Ruth Siemens, David Burt y Stuart Park, quienes toman el testigo y comienza lo que conocemos como GBU. Desde entonces se ha podido establecer un grupo de estudio bíblico en prácticamente todas las universidades públicas de España. En marzo se celebra la Asamblea Nacional de Grupos Bíblicos Unidos, en la que los líderes del movimiento estudiantil (GBU), entre otros, tienen la oportunidad de compartir cómo Dios se está moviendo en cada comunidad.
Llevo desde 2024 en el comité de Madrid de GBU, y en estos dos años he podido aprender muchas cosas del movimiento. La primera es que nadie es imprescindible. No lo soy yo, no lo fue Rodolfo González y no lo fueron los que continuaron la obra después de él. Esto, lejos de abatirnos, debería llenarnos de paz: paz en saber que Dios no necesita de tu ayuda para llegar a las personas —en este caso, los estudiantes—, pero que decide formar equipo contigo para darte el privilegio de participar en su obra y ver cómo las vidas de los universitarios cambian y cómo, con ello, la tuya también. GBU estuvo mucho antes que yo y seguirá después de que yo me vaya, pero durante un tiempo he podido ser testigo de muchas bendiciones y estoy agradecida por ello.
La segunda es que, como toda institución humana, no está exenta de fallos. Necesitamos oración no solo para que el evangelio llegue a las personas, sino para que en el proceso sepamos ser un reflejo fiel de lo que es el reino de Dios. No dejarnos llevar por las corrientes de este siglo ni caer en filosofías vanas y poco edificantes. Seamos luz, aunque moleste a los que llevan tiempo en tinieblas. Somos jóvenes y tenemos mucho que aprender; seamos humildes, abiertos a la crítica y al cambio en nuestra propia institución. Sepamos ser lo que la universidad y los estudiantes necesitan que seamos.
Por último, he aprendido que la misión no admite excusas. El domingo pasado, en la escuela dominical, hablaba Beatriz de nuestro sitio de misión, de que podemos ser luz en cualquier lugar en el que estemos. Literalmente, en cualquier lugar. Allí donde nos coloque Dios estamos llamados a proclamar su nombre, porque para mí hoy es la universidad, pero mañana será mi trabajo, mis compañeros e incluso mi familia.
Que los testimonios de los que nos han precedido nos motiven a seguir hacia delante. Tal vez no tengamos la suerte de Rodolfo González o de Samuel Escobar, que pudieron ver el fruto de su semilla antes de partir con el Señor, pero Dios nos promete que aquello que plantemos Él lo llevará a buen puerto.
Jimena L.
Domingo 22 de febrero 2026
