Imagina que te encuentras en pleno verano, con una temperatura de 45 °C. Vas por un camino despejado, sin un solo árbol; el sol brilla en todo su esplendor sobre un cielo azul sin nubes. A ti no te gustan las altas temperaturas y, mucho menos, exponerte al sol de esa manera.
Ahora, imagina la misma situación, pero con un factor diferencial: ese mismo camino está rodeado de árboles frondosos que te brindan una sombra fresca mientras caminas. Si te preguntara qué camino escogerías, la respuesta es obvia.
Yo, por supuesto, elegiría el segundo. Te comparto esta ilustración para explicarte que así es nuestra vida cuando estamos con Dios frente a cuando estamos sin Él. Aunque los problemas, las adversidades y las crisis siempre van a existir, estas situaciones se experimentan de forma muy distinta si contamos con la presencia de Dios en nuestra vida. Hay una diferencia abismal cuando le conocemos y depositamos nuestras cargas en Él (esta es una verdad que solo se comprende plenamente cuando se experimenta en carne propia).
En medio de la prueba, Él nos ayuda a fortalecer nuestra fe, moldea nuestro carácter, nos llena de esperanza y nos da paz en el corazón. Además, nos otorga discernimiento para comprender que sus planes tienen un propósito superior. Como dice la Escritura:
«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos». (Isaías 55:8-9)
Su amor y su gracia para con sus hijos son infinitos. El Señor, en su bondad, conoce nuestra fortaleza y sabe hasta dónde podemos resistir, tal como nos promete su Palabra:
«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar». (1 Corintios 10:13)
Espero de todo corazón que puedas encontrar el camino que te lleve a descubrir y experimentar la presencia de Dios. Y si ya lo conoces, pero sientes que llevas cargas sobre tus hombros que ya no soportas más, entrégalas en oración a Dios para que puedas hallar paz, gozo y descanso en Su perfecta voluntad. Recuerda su invitación:
«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar». (Mateo 11:28)
Dios te bendiga y te guarde siempre.
Blanca P.
Domingo 12 de abril 2026
