Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? (Salmo 27:1).
Así comienza el Salmo 27, escrito por el rey David. David fue el segundo rey de Israel. Fue el elegido por Dios para gobernar a su pueblo y, aunque también pecó, fue el rey que más siguió sus caminos.
David hace una clara declaración al comienzo del salmo: «Jehová es mi luz y mi salvación», «es la fortaleza de mi vida». En momentos de angustia y de oscuridad, este rey confiaba ciegamente en Dios. Otro rey habría confiado más en su poder como gobernante, pero David no. Oraba a Dios y buscaba su respuesta para someterse a su voluntad.
Todas las personas tenemos en nuestra vida momentos difíciles, de oscuridad y angustia: momentos en los que nos es difícil ver la luz al final del túnel. Cierto es que la vida es más difícil para unas personas que para otras, ya sea por temas laborales, familiares o económicos, etc. A veces se juntan varios factores a la vez que hacen la situación mucho más complicada aún.
Cuando nos ocurre esto, podemos optar por varias opciones: confiar en nuestras posibilidades para salir adelante por nosotros mismos; deprimirnos y centrarnos solo en nuestra angustia y dolor; o también podemos confiar en Dios. En Él podemos refugiarnos y poner en sus manos todo aquello que nos acontece.
Esto último no significa que no nos afecte lo que nos sucede ni que no tengamos momentos de ánimo bajo, pero sabemos que Dios permite estas situaciones para que nos levantemos y salgamos fortalecidos de la prueba. Aunque no tengamos solución pronto, o si esta llega de una forma distinta a la que deseamos, pensemos que Dios lo ha permitido para moldearnos y para que podamos ser como Él quiere que seamos.
Celia N.
Domingo 1 de marzo 2026
