Enseñanza Adultos

Los Evangelios nos cuentan que Jesús solía conversar con mucha gente diferente, escuchaba las opiniones de la gente de su tiempo, les hacía reflexionar y replantearse sus prejuicios… en fin, presentan a alguien que nunca despreció la facultad humana de razonar, sino que la consideró lo que es, un hermoso don de Dios (Eclesiastés 9:16-18).

En nuestra iglesia estamos convencidos de que es necesario seguir su ejemplo y perseverar en el estudio de las Sagradas Escrituras, tal y como también encontramos en la Iglesia primitiva (Hechos 17:11). No pensamos que la fe sea, ni mucho menos, un mero ejercicio intelectual, la entrega que Dios nos demanda afecta a nuestros sentimientos, a nuestro cuerpo… pero también a nuestra inteligencia (Lucas 10:27). Afecta a todo lo que somos.

Como comunidad que proclamamos la fe en que Jesucristo es el Señor, no podemos, ni queremos olvidar que la hermosa tarea de pensar sobre Dios es importante, no sólo porque, de manera individual vayamos así madurando en nuestra fe, sino que también nos hace crecer como comunidad, escuchando en diálogo los unos con los otros al mismo Espíritu de Dios, tal y como ocurría en la Iglesia primitiva (Hechos 15:28).

Asimismo, pensamos que la reflexión teológica es fundamental para que podamos comunicar el mensaje del Evangelio de una manera comprensible y razonable a todos los que aún no conocen el amor de Dios (1ªPedro 3:15).

Esta convicción de la importancia del ejercicio de la razón forma además parte de nuestra tradición, vinculada a la Reforma del S.XVI. Así, en la Dieta de Worms, ante el empeño de autoridades religiosas y civiles en que Lutero renegara de las críticas que había vertido en sus libros, su respuesta fue la siguiente: A menos que se me convenza por testimonio de la Escritura o por razones evidentes (…), estoy encadenado por los textos escriturísticos que he citado y mi conciencia es una cautiva de la palabra de Dios. No puedo, ni quiero retractarme en nada, porque no es seguro ni honesto actuar contra la propia conciencia (Lutero. Obras. P.175. Sígueme)

Considerando todas estas cosas, desde la Iglesia Evangélica de Móstoles intentamos abrir espacios de estudio y diálogo teológico para grupos, adecuados a distintos niveles de dificultad (cursos básicos, de discipulado, talleres u otros grupos de estudio). Además, tenemos un programa anual de escuela dominical de adultos cuya aula está abierta a la participación de todos.

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