Por qué debo sufrir decepción, dolor, y tribulación? ¿Qué es lo que he hecho para que Dios me tenga que enviar pruebas? ¿Está Él disgustado conmigo? A menudo, los hijos de Dios nos hacemos este tipo de preguntas.


Daniel 3:12-18 En tiempo de bonanza todo nos sonríe y va bien y es fácil decir y acon- sejar a otros que el Señor es poderoso y todo lo puede y no hay que pre- ocuparse. Las situaciones traumáticas difíciles nos pueden hacer tambalear, y no es fácil mantenernos firmes sin desmayar. Aún, así, sabemos del poder y misericordia de nuestro Dios e igualmente sabemos que, aunque las cosas no nos salgan como a nosotros nos gustaría que fuesen, ese poder no mengua ni disminuye, sino que sigue siendo el mismo.


13 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. 15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. (Mateo 16:13-16 RVR60)


Quienes al leer el título hayan recordado la música del antiguo himno de Oswald J.Smith y B.D. Ackley han acertado. Hoy quisiera que pensemos, con la letra de este cántico, en el placer de servir a Dios.


Una vez más, aprovecho este espacio para seguir honrando la memoria de aquellos que nos han precedido en la fe. En esta ocasión quiero mencionar a Constantino De la Fuente que fue otro ilustre cristiano del siglo XVI. Nacido en San Clemente, provincia de Cuenca, estudió en la universidad de Alcalá de Henares con Juan Gil, Agustín De Cazalla, y otros que más tarde serían sus colaboradores en el evangelio.


Todos sabéis que mi salud es muy precaria, que, en cuanto a enfermedades, de pocas me he librado: dos cánceres, uno de pulmón y otro de vejiga, varios ictus, operación de cataratas, glaucoma con la cual he perdido el 85% de la vista en el ojo derecho, atropello con rotura de la meseta tibial izquierda que me ha dejado una cojera importante y otras varias que no os voy a narrar.

No os cuento esto para quejarme de ello o para que me compadezcáis. Lo hago para testificar que en todas estas circunstancias he sentido fuertemente la presencia del Señor a mi lado, poniendo en mí su mano podero- sa sacándome de todos estos conflictos.

Así y todo, cuando estoy en soledad, vienen sobre mí aires de depresión y sólo puedo salir de ellos acercándome al Trono de Gracia de nuestro Padre Dios en busca de ayuda y os digo que nunca me ha fallado o decepcionado, siempre acudió a consolarme.

Os voy a decir en donde he encontrado la ayuda de Dios en mi último estado de casi depresión. Lo encontré en un himno que cantábamos mucho en la Iglesia de Valdepeñas, que dice así:

Ven alma que lloras, ven al Salvador; en tus tristes horas dile tu dolor/ Dile, si, tu duelo, ven tal como estás, que en Él hay consuelo, y no llores más/ Toda tu amargura dí al Amigo Fiel; penas y tristuras deposita en Él./ En su tierno seno descanso hallarás. Ven, que al pobre es bueno, y no llores más/ Tú mismo al cansado dirige a Jesús, Lleva al angustiado al pie de la cruz/ La bendita nueva de celeste paz a los tristes lleva, y no llores más.

 

Vicente Simarro


29
Ene

Intolerancia

El historiador israelí Yuval Noah Harari ofrece un dato terrible acerca de la matanza del día de San Bartolomé (23/08/1572): “entre 5.000 y 10.000 protestantes fueron asesinados en menos de 24h (…) murieron más cristia- nos a manos de otros cristianos que a manos del Imperio romano politeísta a lo largo de toda su existencia” (De Animales a Dioses. p.241-Ed. Debate).


Durante mucho tiempo ponía mi confianza en las promesas de Dios. Colocaba mi mano sobre éstas y afirmaba lo que estaba escrito. Es bueno poner la confianza en las promesas de Dios, pero pronto corremos el riesgo de separar las promesas de la persona que promete. Si no tuviese ninguna promesa, pero tuviese a Dios, igual tendrías todo lo que sus promesas ofrecen.


17
Ene

Todos cantan

Al que está sentado en el trono, y al cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (Apocalipsis 5:13b) Cada verano, en las vacaciones, me encanta ver a un grupo de jóvenes músicos, con instrumentos de metal, tocando en la calle. Suena maravilloso. El placer de compartir música en comunidad ha reunido a las personas durante siglos. Como seguidores de Cristo, ya sea que estemos en grupos pequeños, coros, o congregaciones, alabar a Dios es uno de los elementos clave de nuestra expresión de fe; y un día, estaremos cantando en un concierto que no podemos ni imaginar.


Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca (Hebreos 10:24-25)

Las personas con más fortaleza de carácter son aquéllas que han des- arrollado unos lazos fuertes con las personas de su alrededor: familia y amigos. Muchos conocemos a cristianos que han dejado de acudir a la igle- sia y de tener relación con los hermanos. La excusa que suelen dar es que no necesitan congregarse con los hermanos en la iglesia para seguir cre- yendo y manteniendo una relación personal con Dios. Se están engañando. O nos estamos engañando.


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