Cuando yo era jovencita, mi madre, Esperanza, me repetía muchas veces: “No te fijes en lo que deben hacer los demás; fíjate en lo que debes hacer tú”. Esta frase se me ha quedado grabada y Dios Ia usa para ayudarme a aplicar su Palabra en mi vida.

Romanos 2:1 dice: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas, haces lo mismo”.

Hay veces que, al escuchar lo que Dios nos manda en su Palabra, se me pasa por Ia mente: “Pues tal o cual persona no lo hace” o: “esto lo debería hacer este otro”, y no me doy cuenta de que Dios me lo manda a mí. Pero entonces viene a mi memoria esta frase: “No te fijes en lo que deben hacer los demás; fíjate en lo que debes hacer tú”.

Me ayuda a entender que no tengo que juzgar si los demás (tanto de den- tro como de fuera de la iglesia) hacen lo que deben hacer o no, porque cuando me centro en eso, dedico a ello mi pensamiento, mi tiempo y mi esfuerzo, y no me ocupo de hacer lo que yo debo hacer.

Cuando vivo pendiente de si los que me rodean hacen lo que deben hacer, me frustro y me amargo, porque siempre me va a parecer que hacen menos de lo que yo creo que deberían hacer. Pero cuando solo me fijo en hacer lo que Dios me manda a mí, entonces me doy cuenta de que hago muy poco, pero cada cosita que hago, en obediencia a Dios, me produce una gran satisfacción y el deseo de hacer más, de obedecer más su Palabra, y entonces Ia frustración y la amargura se van, porque ya no me fijo en lo que hacen los demás.

Maria Jose.



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