Por qué debo sufrir decepción, dolor, y tribulación? ¿Qué es lo que he hecho para que Dios me tenga que enviar pruebas? ¿Está Él disgustado conmigo? A menudo, los hijos de Dios nos hacemos este tipo de preguntas.

Gran parte de este temor y cuestionamiento se debe a la forma en que malenten- demos la forma en que Dios trata con los suyos. Él tiene siempre sus buenos motivos. Uno de ellos es nuestra disciplina espiritual. Deberíamos estar más preocupa- dos por la falta de disciplina que viene de Dios, que de las mismas pruebas a las que podemos ser sometidos porque la disciplina de Dios implica su amor hacia nos- otros: “Porque el Señor al que ama, disciplina….” (Hebreos 12:6).

Aunque soy de ciudad y estoy poco familiarizado con todo lo relativo a las tareas agrarias, entiendo perfectamente que para que se produzca fruto sano, apetecible y en cantidad, previamente debe haber algún tipo de daño a la planta o a la tierra, llá- mese: podar, cavar, arar, remover, etc. Sin embargo, ese dolor previo que nunca nos vendrá bien, garantiza un resultado exitoso según la Palabra: “Es verdad que ningu- na disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11).

Puede parecer duro, pero el Señor sabe que es necesario. Recuerdo una historia que incluye un ejemplo que puede ayudarnos a entender este concepto. Un pequeño llevó a su casa un capullo para poder ver salir a la mariposa. Cuando la mariposa luchaba con dificultad por salir del capullo por una pequeña abertura, el niño la agrandó con unas tijeras. Entonces, la mariposa salió fácilmente pero poco después sus alas se debilitaron, se consumieron y la mariposa murió. La lucha para salir por la estrecha abertura en el capullo es la forma en que se fortalecen sus alas y la pre- paran para poder volar.

El capítulo 12 de Hebreos al que hemos hecho referencia, describe la vida cristiana como una carrera que implica aguante, disciplina y corrección. Como en el caso de la mariposa, la lucha es exactamente lo que necesitamos para llegar a ser lo que Dios quiere que seamos.

¿Te sientes deprimido/a, agobiado/a cargado/a en exceso y no entiendes el por qué? Hay algo peor que sentirse así: auto compadecerse, lamentarse y no hacer nada para cambiar las cosas. Seguro que ya has escuchado esto antes, pero, la próxima vez que te sientas así, cambia el sentido de la pregunta y, en lugar de cuestionarte el ¿Por qué? piensa en ¿Para qué?

Pedro Arévalo



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