Al que está sentado en el trono, y al cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (Apocalipsis 5:13b) Cada verano, en las vacaciones, me encanta ver a un grupo de jóvenes músicos, con instrumentos de metal, tocando en la calle. Suena maravilloso. El placer de compartir música en comunidad ha reunido a las personas durante siglos. Como seguidores de Cristo, ya sea que estemos en grupos pequeños, coros, o congregaciones, alabar a Dios es uno de los elementos clave de nuestra expresión de fe; y un día, estaremos cantando en un concierto que no podemos ni imaginar.

En una visión arrolladora de los enormes eventos al final de los tiempos, Juan registra un coro de alabanza que comienza con unos cuantos y crece hasta superar todo número. En honor al Cordero de Dios, que con su sangre ha redimido a personas de toda tribu y nación, la canción comienza en el trono de Dios; a ésta se le unen miles y miles de ángeles, y finalmente, incluye a toda criatura en el cielo, la tierra y el mar. Juntos cantaremos: “Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria, y el poder, por los siglos de los siglos”.

¡Qué coro! ¡Qué concierto! ¡Qué privilegio empezar a ensayar hoy!

Los que somos de Cristo cantaremos sus alabanzas por siempre.

Jacqueline González



Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies