NAVIDAD

La Navidad, una de las épocas donde spots publicitarios, pelis, comentarios en el ascensor y en definitiva cualquier entorno en el que nos movamos se ponen de acuerdo en presentarla de forma original, con nuevos con- tenidos nuevos mensajes y pareciera que todo o casi todo a sido dicho ya, lo que por otro lado es cierto. No obstante eso no significa que tengamos que dejar pasar esta época del año tragando con todo lo que nos venden sin que nos demos cuenta de lo que estamos celebrando, porque en una sociedad tan atada al consumo, parece que la Navidad es sólo una oportunidad donde nos vemos casi obligados a consumir más que en otras fechas.

A la gran mayoría de los que festejan la Navidad se les escapa por comple- to el acontecimiento que dio nacimiento a dicho festejo, quedando el hecho divino de la encarnación de Cristo como algo que difícilmente la gente ligue a esta fecha, mostrando así el desconocimiento completo de lo que debiera ser la razón y el corazón de la Navidad. Es el más grave de todos los sinsentidos entre los que se desarrolla la fiesta.

¿Tiene algo que decirnos a nosotros la Navidad? Si la despojamos de todos los adornos artificiales, de las reuniones familiares y los días festivos, para muchos no tendría mucho mas que decir. Creo que eso, en sí, constituye un verdadero drama navideño, pues la gente no se da cuenta que la venida del

Hijo de Dios para habitar como uno de nosotros es el mayor bien que se nos podría haber hecho jamás. No hay regalo, por más precioso que resulte que se pueda comparar siquiera a lo que Dios Padre nos regaló esa noche en un pesebre de la pequeña aldea de Belén. Una humanidad corrompida entonces y ahora, recibía, sin percibirlo ni merecerlo, a aquel que es el único que puede brindarnos lo que tanto se dice por estas fechas, pero que tan poco se vive en la realidad: paz y salvación.

Pero es como que eso queda en segundo plano cuando se trata de la Navidad, pues sólo comprando, bebiendo, iluminando las casa, las tiendas y demás la gente parece ser feliz. Una felicidad temporal, falsa y pobre aunque suficiente para la mayoría (mejor eso que nada), cuando dejan pasar lo auténtico, lo peren- ne, lo auténticamente valioso, lo único verdaderamente necesario para todas las personas, el regalo de Dios en Cristo.

La Navidad es la llegada de todo el bien que Dios deseaba hacerle a una huma- nidad necesitada de dicho bien. Por más autosuficiente que la humanidad se crea, desde la perspectiva de la eternidad, es desdichada, desnuda y pobre, carente de todo lo que pueda conducirla al bienestar verdadero y a una relación auténtica y extraordinaria con el Dios creador. Despreciar por ignorancia el rega- lo de Cristo llegando a nuestro mundo para compartir nuestra experiencia huma- na, enseñándonos, dándonos ejemplo y, sobre todo y ante todo, muriendo por nuestros pecados, es hacer a un lado ese regalo, es condenarnos a una vida que apenas merece llamarse vida.

Navidad es la llegada del Hijo de Dios a los hombres para ser su Salvador y Señor. Es el hecho histórico más extraordinario que abre las puertas para la salvación de todos los hombres y mujeres que crean en él, pero de verdad, y lo reciban para llenar de sentido sus vidas, darles vida abundante, eterna y llenarlos de una felicidad que vas más allá de lo que podamos experimentar fuera de él. Para aquellos que hemos tenido nuestra Navidad, es decir el momento en que Cristo vino a nuestros corazones, podemos decir que la luz llegó a nuestras vidas, que fue- ron totalmente cambiadas por su llegada, y que siguen cambiando , dejando atrás los miedos, las vanidades, miserias y nuestra naturaleza caída que es la que le da al mundo su tinte gris y feo que todos conocemos. Cristo puede venir a tu vida también, para que compruebes por ti mismo que él es realidad y que la Navidad no es una fiesta más, sino que es el festejo del momento donde la eternidad tocó la historia para hacerse carne por amor por cada uno de nosotros.

Hoy los niños contarán esa historia maravillosa de como Dios se propuso a lo largo de los tiempos, encaminar los acontecimientos hasta llegar a su clímax con la llegada al mundo de Dios mismo en la persona de Jesús para darnos la opor- tunidad de aceptar su regalo. Tomemos en serio lo que Dios quiere decirnos, libres de prejuicios derribemos las murallas que nos impiden ver la gloriosa rea- lidad de Dios salvando al mundo, a las personas, a mi y a ti.

El que tiene al Hijo de Dios (Jesús) tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida” 1 Juan 5.12

Juan Antonio Robles



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