Cada vez los españoles tenemos menos tiempo libre. Según datos del

Centro de investigaciones sociológicas en el año 1975 el español

medio tenía unas 30 horas libres a la semana. En 1990 esa cifra había

caído a 20 horas. En el año 2005, 14 horas, y en el 2015, baja aproximadamente

a 10,5 horas.

La posesión más valiosa que una persona puede darle a la Iglesia es su

tiempo. Como la gente tiene menos tiempo libre, sería mejor que nos aseguráramos

de aprovecharlo tan bien como sea posible. Si uno de vosotros

me dice (y ojalá me ocurriera muy a menudo): “Pastor, tengo 4 horas a la

semana para dedicarme al ministerio en la iglesia”, lo último que haría

sería ponerlo en algún consejo o comité. Deseo que se involucre verdaderamente

en el ministerio hacia las personas, no en mantener las cosas

tal y como están.

 

Tenemos que distinguir con claridad la diferencia entre tener como iglesia

una visión de mantenimiento o una clara visión ministerial. El mantenimiento

es “el trabajo en la iglesia”: presupuestos, edificio, cuestiones

organizativas, etc. El ministerio es “el trabajo de la Iglesia”. Cuanto más

gente involucremos en ese trabajo de mantenimiento, más desperdiciaremos

su tiempo, más los mantendremos alejados del ministerio con las

personas, y más situaciones y oportunidades para el conflicto y los problemas.

El trabajo de mantenimiento también condiciona a las personas a

pensar que han cumplido con su responsabilidad por el solo hecho de

asistir a una reunión.

 

Un error muy común que cometen muchas iglesias es tomar a las personas más

brillantes y con mayores dotes para asumir responsabilidades y convertirlas en

“burócratas” dándoles cada vez más reuniones a las que asistir. Tenemos que

trabajar y concienciarnos por tener cada vez más ministerios concretos que trabajen

para las personas.

 

En nuestra iglesia hemos de esforzarnos por conseguir que las personas que realizan

un ministerio sean quienes tomen las decisiones con respecto a ese ministerio.

No podemos separar la autoridad de la responsabilidad, sino que encomendamos

las dos a las mismas personas. Quien hace el trabajo es quien tiene

la responsabilidad y la autoridad.

 

¿Quién se debe encargar entonces del mantenimiento de la iglesia? El menor

número de personas posible, los estrictamente necesarios. De esta manera no

desperdiciaremos el valioso tiempo de ninguno de nuestros miembros. Hemos

de conseguir que las personas de nuestra congregación vean que el tiempo que

están ofreciendo está dedicado al ministerio para el bien de la gente.

Entiendo que este enfoque es un poco distinto al que la mayoría hemos experimentado.

En una iglesia típica, los miembros se ocupan del mantenimiento

 

(administración) de la iglesia y se piensa que el Pastor es quien debe realizar la

tarea ministerial. ¡No es de extrañar que este tipo de iglesia no crezca! El Pastor

se convierte en un cuello de botella. No hay forma de que un solo ser humano

pueda ministrar a todas las necesidades de una iglesia. Con el tiempo quedará

exhausto o tendrá que trasladarse a otra iglesia más pequeña para encontrar un

poco de alivio.

 

En la Iglesia Evangélica de Móstoles vamos a tener que plantearnos seriamente

si queremos tener una estructura para mantener o controlar, o para crecer y

tener una visión ministerial. Esta es una de las decisiones más importantes que

tendremos que tomar si consideráis que debo seguir siendo vuestro Pastor el

próximo domingo día 27.

 

Para que la iglesia crezca, tanto el Pastor como los miembros debemos llegar a

no tener una mentalidad de control o burocrática para tener una mentalidad

abiertamente ministerial. La tarea que el Señor me ha encomendado como

Pastor no es la de controlar la Iglesia. Mi tarea es guiarla. Existe una diferencia

muy grande entre guiar y controlar. La responsabilidad del Pastor se centra en

mantener los principios bíblicos en la iglesia y encaminar a esta en la dirección

correcta según los mismos, y finalmente equipar a los miembros para el ministerio.

Pero las decisiones diarias tienen que aprender a tomarlas las personas que

realmente lleguen a llevar a cabo los ministerios de la Iglesia.

 

Si seguimos el camino de depender del Señor en cada paso y en cada decisión,

Él nos va a bendecir grandemente. Y puedo aseguraros también que en mí como

Pastor, con la ayuda de nuestro Dios, vais a encontrar Guía, Visión, Apoyo y

Enseñanza de los principios de Su Palabra.

Que nos dejemos ayudar y guiar por el Señor.

 

Jose Gutierrez



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