Hay personas que hablan sin cesar, no importa qué, el caso es hablar y hablar. Hay otras, sin embargo, que son parcas a la hora de expresarse. Tanto las unas como las otras, pueden edificar o destruir cuando hablan. Proverbios nos dice, que las palabras pronunciadas por algunas personas, son como golpes de espada, son hirientes llegando a rozar la calumnia y la difamación. Golpes de espada dice este versículo y lógicamente eso produce heridas profundas que tardan tiempo en cicatrizar. Sin embargo, la segunda parte de éste versículo expresa lo contrario. Este versículo nos muestra la realidad de la vida, personas que hablan y en su hablar, unas edifican, palabras sanadoras y otras destruyen, palabras que hieren.

Normalmente cuando alguien habla es porque hay quien o quienes escuchan, bien sea que lo que se esté diciendo vaya dirigido a ella o bien se esté hablando de otros. Hay un refrán antiguo que dice: “La comadreja pare por la boca y se preña por la oreja” y qué razón tiene, casi siempre. El oído está dispuesto para escuchar lo que tienen que decir del otro. La figura de la comadreja es interesante, porque es un animal sigiloso que se mete por cualquier agujero pequeño, se estira y se estira y se cuela donde nunca pensaríamos que pudiera entrar. Lo mismo pasa con nuestros oídos están dispuesto a recibir y se aguzan hasta que han captado lo que otro está diciendo. Y normalmente suele coincidir con temas relacionados de otras personas y se le va añadiendo un poquito a lo que sabíamos hasta llegar a la difamación. Y como bien dice el refrán se preña y va creciendo dentro y dando vueltas hasta que llega la ocasión y hay otra oreja dispuesta para recibir la noticia. Se puede hacer mucho daño con comentarios que se van pasando de uno a otro porque he oído esto o aquello de fulanito. Hay personas con heridas profundas y difíciles de sanar por simples comentarios de otros.

Por otro lado, Proverbios nos dice que la lengua de los sabios es medicina. Estas personas son las que hablan después de que las primeras hayan herido a otros, y con sus palabras de amor, ternura y paciencia llegan a curar esas heridas que a veces están enconadas. Con el bálsamo del amor van poco a poco curándolas con mimo y ternura hasta conseguir que sanen por completo. Nos dice Colosenses 4:5-6 que andemos sabiamente y que nuestras palabras sean siempre congracia y sazonadas con sal. Estas otras personas, no sólo hablan agradablemente y con sal, sino que son capaces de restaurar lo que otros hicieron mal sin que quede cicatriz alguna. Porque con su ejemplo consiguen restaurar por completo para que sean capaces de perdonar y olvidar lo que les hicieron esas palabras cortantes e hirientes que nunca debieron ser pronunciadas. Es mejor en ocasiones no decir nada que hablar para producir daño. Muchas veces el silencio ayuda más que mil palabras pronunciadas por estar callado y cubrir el tiempo.

Que el Señor nos ayude a ser de los que hablamos para edificar y restaurar siguiendo el ejemplo que Él nos dio, ya que sus palabras, fueron siempre pronunciadas en su debido tiempo y ocasión. E igualmente supo tener sus momentos de silencio que dijeron mucho más que si hubiese pronunciado palabra alguna.

Josefina Martin



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